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Contexto del Plan de Música Departamental del Cesar


Fundamentos conceptuales de los procesos de desarrollo musical en el Departamento del Cesar


Dentro del dinamismo de la evolución musical a lo largo de la historia regional, actúa siempre la determinante sociol+ogica que genera sentidos de identidad entre los distintos géneros y las comunidades que los producen, sin dejar de lado que la configuración del territorio define modos específicos de relación entre la comunidad y sus respectivas expresiones culturales.

En este sentido, para el departamento del Cesar los distintos procesos de desarrollo musical han servido como factor vinculante entre la comunidad y el territorio, lo cual hace posible que la música tradicional propicie el surgimiento de mecanismos de reconocimiento al interior de los grupos sociales, valorando sus productos musicales como elementos esenciales de la sociedad cesarense.

Es preciso entonces resaltar que estos dos conceptos: Desarrollo musical y Territorio, sustentan la necesidad de promover estrategias de salvaguarda de los distintos géneros que constituyen la riqueza musical del Cesar, pues las diversas experiencias musicales dan identidad al territorio, y a su vez, el territorio es determinado por las comunidades que dentro de él suscitan procesos musicales de carácter patrimonial.

Papel de la música en el desarrollo cultural del Departamento.

El Cesar ha sido y sigue siendo un territorio sonoro. Lo que hoy se conoce jurídicamente como departamento del Cesar, es una porción de terreno dentro del amplio Valle de Upar, objeto geográfico en el cual tuvieron asiento etnias sobresalientes que, mucho antes de la llegada del conquistador, conferían a la música valores inestimables de cohesión social.

El arhuaco, el chimila, el tupe, antiguas raíces de la identidad regional "eran protuberantemente músicos; poseían aerófonos de todos los tipos, idiófonos de choque, fricción y sacudimiento; tambores de una y dos membranas; cordófonos como el arco musical, al lado de todo esto había florecido un canto exuberente". Habida cuenta de esta realidad, queda claro que et ancestro musical cesarense se pierde en la bruma del tiempo.

El aporte africano a esta riqueza fortaleció expresiones de estirpe indígena y dio origen a nuevas manifestaciones que, luego de la colonización, en vez de diluirse fueron consolidándose mediante una simbiosis en la que coexistieron vestigios de una Y otra cultura con la novedad de los aires venidos del Viejo Continente. Andando el tiempo, el largo período en que el Valle se mantuvo aislado del resto del territorio colombiano debido a la topografía regional, ya iniciada la vida republicana, permitió mantener intacta la vigorosa tradición musical de los pueblos que hoy son municipios cesarenses.

Un momento destacable de este proceso se da con la aparición del acordeón, instrumento generador de una manera peculiar de resignificación de anteriores formas musicales, en las que confluían la música ancestral y la oralidad raizal, constituyendo así una trilogía en la que se ven representados el nativo sudamericano, el africano y el europeo, portador además de un romancero que sirvió de troquel a una nueva lírica.

Paralelo a esto, las dinámicas de producción impulsan el surgimiento de una incipiente clase oligárquica provinciana, que se moldea de acuerdo con las influencias que llegan del resto del Caribe y en la que calan hondo los formatos orquestales que serán reproducidos en los escenarios locales, configurando de este modo una cultura vernácula en torno a la música de bandas, de la cual serán epicentro algunas poblaciones, a ejemplo de los grandes centros orquestales de la costa atlántica colombiana.

Pero el género que se ha gestado en las entrañas del país vallenato alcanza la madurez suficiente para irrumpir en el panorama nacional, sobre todo por la coyuntura de dos momentos determinantes y vinculados entre sí: la creación del departamento del Cesar en 1967, y la institución del Festival de la Leyenda Vallenata en 1968, precisamente para dar a conocer el nuevo Departamento.

El desarrollo económico y social propiciado por la nueva entidad gubernamental, irá aparejado del posicionamiento de un género musical que se abrirá campo hasta convertirse en una de las expresiones culturales más reconocidas a nivel nacional, al punto de representar a Colombia en ámbitos internacionales.

En ningún momento los aires nativos desaparecen del todo, sino que se mantienen velados por el Justificable reparo que el indígena tiene contra el ciudadano occidental, pero vigentes en su cosmogonía y ritualidad, y porqué no decirlo, en su folclor, del que irá dando cuenta la paulatina penetración de los medios de comunicación, si bien algunas expresiones resimbolizadas por el cristianismo revelan profundos sentidos ancestrales de la religión indígena.

Por otra parte, la fuerte tradición africana presente en el Cesar, sobre todo en los linderos de la desembocadura en la ciénaga de Zapatoza, del río que da nombre al Departamento, mantiene en todas sus inmediaciones el recuerdo de la lejana África, que se materializa en aires de tambora y en la singularidad del baile cantao', viva expresión de los pueblos de la ciénaga, en la que confluyen elementos de la vida cotidiana, de la mitología y del repertorio cultural ligado a la herencia de los antepasados.